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Serie Dispares

Presentación
DISPARES
Editorial Cactus / Tinta Limón Ediciones

La obra de Henri Meschonnic, y este libro en especial, es una ocasión inmejorable para el inicio de esta serie común, fruto de dos proyectos editoriales ligados por amistades cruzadas. Siendo que la amistad se define en el juego de ciertas distancias –“ni tan cerca”, “ni tan lejos”–, y puesto que no sucede sin disparidad, todo encuentro de este tipo requiere maduración, proceso, y sobre todo un tercer elemento que actúe de envolvente, o bien un plano que arrastre los términos en un movimiento singular (aunque solo fuera en el mínimo espacio-tiempo del encuentro), en suma que haga la transversal.
Ambas editoriales eligieron la insistencia. En lugar de chocar de frente con las representaciones más duras de la realidad y sus clichés, surfear sus propios meandros, tejer sus telarañas, descubriendo el adentro como pliegue del afuera (y viceversa).
Ahora bien, una vez que se adquiere una dinámica propia de pensamiento, y comenzamos a forjar las armas para enfrentar los peligros (básicamente la estupidez, la liviandad y el poder), hay dos maneras de avanzar, de estirar el territorio, dos maneras que en el fondo es solo una, y es solo múltiple. Lo singular hace lo diferente y lo diferente lo singular. Como la disparidad de dos ojos que hacen uno. Ante el riesgo de la comodidad, del nihilismo, de la coagulación, de la redundancia, buscar una transversal que haga la diferencia.
La transversalidad es modulación de disparidades: hay que estar disponible, y metaestable, para dar y recibir (pero sobre todo para recibir). O bien diríamos que hace falta tensión de información o diferencia de potencial, y un precursor que actúe en la penumbra. En el fondo, eso trama un devenir.
Parecíamos inmunizados, o al menos indiferentes, ante cualquier infección del lenguaje (la letra mata el espíritu, etc., etc.) y en eso llegó Meschonnic. Y aunque se mostraba implacable contra la lingüística y el estructuralismo –y entonces todo iba bien–, en lugar de convidarnos un sabor familiar y dulce (una pragmática, por ejemplo), nos ofrecía un trago amargo por desconocido, por inusual: una concepción del pensamiento -y de la vida, es lo mismo- que se afirma en el lenguaje del ritmo contra el signo, del poema contra la filosofía (en tanto la filosofía tiene ensoñaciones de un pensamiento sin lenguaje).
Henri Meschonnic, a quien nos acercamos con recelo, mirando de reojo, como de costadito (modus vivendi de las transversales), es sin duda ese tipo de precursor, ya que puso a co-funcionar intuiciones que en nosotros no se articulaban. No solo esquivó escuelas, corrientes y modas, y se afirmó contra, en una guerra en apariencia solitaria que es crítica y no polémica, sino que también construyó un lugar de enunciación propio que bordea el sentido. Al menos nuestros sentidos acostumbrados. Sus gritos le dan ánimo en la intemperie.
Difícil entonces sacárselo de encima. Y literalmente lo está puesto que le cae a todo el mundo. Incluso a nuestras querencias filosóficas. E incluso avanzando con Spinoza. Pero es un Spinoza desfigurado, vuelto menos familiar que de costumbre, despojado de las amarras deleuzianas que nos lo acercaban, y de los cauces más navegables de su pensamiento. Allí el beligerante no deja títere con cabeza.
Pero de pronto, leyendo a contrapelo, y una vez campeado el temporal –una auténtica lluvia de mazazos– aparecen luces, tenues pero persistentes, y se abren nuevos cauces. Una vez construido el propio (no) lugar de intemperie, que ya no es entonces padecido sino buscado, asumido, querido, vemos que como un misterio Meschonnic se nos aproxima, ¡y hasta se lo ve bonachón! Una vez apartada la objeción (¡nunca, nunca objetar!) comienza la escucha. Una extraña sensación de haber oído esto en algún lado. De encontrar allí otro modo del continuo que buscamos aquí y allá, pero aquí en una tensión nueva.
Abrimos entonces esta transversal hacia Meschonnic, como quien se baña en el caos para extraer la complejidad, hacia afuera, hacia nosotros mismos…


Cactus / Tinta Limón

   
Buenos Aires - Argentina - 2016