DEL LAZO SOCIAL AL NÚCLEO DE LA TIERRA
Reseña de Fragmento de historia futura,
de Gabriel Tarde, por Felipe Ojalvo
Se sabe: existe una clara intersección entre literatura y sociología. ¿De qué forma? a través de un vínculo de reciprocidad histórica y disciplinar harto reconocido. ¿Qué casos lo confirman? Todo el campo de representaciones y fuente de inspiración para comprender la realidad social de los pensadores clásicos del canon sociológico. Ejemplos: Marx con Shakespeare —su dramaturgia le sirvió para diseminar la alquimia del dinero—, Weber con Kafka —de cuyas novelas extrajo la metáfora de la jaula de hierro de la racionalidad instrumental moderna—, Simmel con Goethe —que a partir de su poética recuperó la noción de urphänomen (fenómeno original) a la vida social— y Durkheim con Montesquieu —que en su lectura de las Cartas persas sustrajo el elemento de hacer extraño lo familiar—.
Ahora bien, que un sociólogo clásico escriba una ficción publicada en múltiples idiomas —y para el caso, que no quede reservado a un anaquel de archivo histórico— ya es otra cosa. Y de algún modo representa un hito que se derrama por fuera de las convenciones académicas. Así podría situarse Fragmento de historia futura (1896); la breve novela de ciencia ficción distópica de Gabriel Tarde. Publicada durante el período de institucionalización de la sociología francesa —precisamente: un año después de Las reglas del método sociológico (1895) de Durkheim—, permite ser leída a la vez como un artefacto literario y el esbozo de un modelo de análisis sociológico. En principio, su esquema interno, de siete capítulos que organizan las etapas distópicas de una Sociedad que (re)acciona frente al fin del mundo —un ocaso definitivo e irreversible del sol—.
A partir de esa catástrofe climática global, la Sociedad se ve obligada a buscar refugio en el interior del planeta. Aquella vida bajo tierra es una metáfora de una Sociedad que, frente a un inevitable fin del mundo, busca —con éxito— un nuevo centro vital, un nuevo núcleo. Lo interesante de la trama, es el modo en que está narrada: ausente de individualidades. Un gesto mucho más durkheimiano que tardeano, donde el protagonista de la novela es el conjunto social. Esto es: sus partes individuales, en el desarrollo de los acontecimientos se disuelven en un Todo societal que progresa, avanza, evoluciona a una vida mejor (más feliz, más justa).
Es una respuesta crítica —quizás paródica— de los proyectos ilustrados de mediados del siglo XIX: aquellas promesas de la modernidad que postulaban, avance científico mediante, el desarrollo de la humanidad. Así, Tarde tensiona la idea de progreso, noción rectora en los debates intelectuales de las ciencias sociales de entonces, y ofrece una visión casi a contracorriente de su sociología propiamente dicha. Recordemos: Durkheim era el sociólogo francés estructuralista —de arriba hacia abajo—, Tarde el sociólogo francés del individualismo metodológico —de abajo hacia arriba—.
De modo que el Fragmento de historia futura se sitúa en una frontera porosa donde la ciencia ficción y la sociología se imbrican mutuamente. Es un texto que se lee rápido pero no está exento de cierta densidad conceptual, siendo un aporte significativo tanto para la sociología de la literatura, como para la literatura sociológica. Y esa propuesta se sostiene en la capacidad de revisar una premisa distópica —el fin del mundo— en un terreno de experimentación sociológica sobre la organización de los lazos sociales.


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