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UEXKÜLL: LA VIDA DE LOS MUNDOS

UEXKÜLL: LA VIDA DE LOS MUNDOS

Prólogo a Andanzas por los mundos circundantes de los animales y los hombres, de Jakob von Uexküll
por Juan Manuel Heredia

a Bárbara y Marlu

Se está en presencia de un libro[1] cuyo carácter alucinatorio no es posible obviar. ¿Quién no quiso, en tardes de ensueño, atisbar el modo de intuición de una mosca, e interrogarse por su tozuda insistencia? ¿Quién no osó, observando la lucha de un gato frente a fugitivas sombras, preguntarse respecto de su espectro sensible y su compenetración total con los movimientos más diversos? ¿Quién, escuchando música, no ha sentido curiosidad por el umbral auditivo de los grillos, de las polillas o de los murciélagos? ¿Sabrán las abejas volver a su panal tras merodearnos molestamente y manifestar vivo interés en la forma circular de la taza de café? ¿Por qué las bandadas de pájaros parecen tener bien claro a dónde van, incluso surcando continentes enteros? ¿Cómo percibe un perro? ¿Y por qué algunos de ellos pueden, en medio de la ciudad inmensa, guiar a sus dueños ciegos en el retorno a casa? ¿Cuántos mundos caben en un bosque? ¿Y en un árbol? ¿A qué facultad de ingeniería fueron los topos para ser capaces de construir complejas redes de túneles, dentro de las cuales, además, parecen tener un dominio olfativo omnisciente? ¿Y las arañas?

Posiblemente nadie, o casi nadie, se haya formulado estas preguntas. En cualquier caso, lo que en este libro se ofrecen no son respuestas puntuales a preguntas nunca hechas, no se trata de un documental de canal de cable, ni el lector encontrará aquí el coeficiente intelectual de los ratones para escapar de un laberinto, o los rudimentos de una psicología animal que le permita confraternizar mejor con sus mascotas. Tampoco habrá monos preanunciando a los humanos ni humanos deviniendo monos. Nada de taxonomía ni de ancestros ni de linajes. Nada de teoría de la evolución ni de hipótesis creacionistas. Nada de biología molecular. Hay sujetos vivientes, hay mundos, hay imágenes y hay una teoría general. Y hay un personaje, un portavoz, casi un San Francisco de Asís invertido, que se sienta a escuchar lo que tienen para decir los animales y nos cuenta de mundos desconocidos, de miles de millones de mundos sobre la tierra.

1- La situación, las premisas, el problema

Para captar el sentido de la producción teórica uexkülliana se impone un análisis de carácter genético que permita alumbrar las particulares condiciones histórico-epistemológicas sobre las cuales esta se desarrolla, pues no hay modo de comprender el sentido de una serie de conceptos si no se tiene al menos una idea general de las problemáticas en las cuales se emplaza y a las cuales busca dar respuesta.

A fines del siglo XIX, la percepción historicista, evolucionista y genealógica del mundo viviente, hasta entonces dominante, comenzará a verse carcomida en sus fundamentos y dará lugar a una profunda recomposición epistemológica. Julian Huxley denominó the eclipse of Darwinism al período que va desde 1880 a 1920, aproximadamente, refiriéndose con ello a la crisis padecida por los esquemas evolucionistas decimonónicos. La situación puede resumirse muy sucintamente en tres desplazamientos. En primer lugar, el ocaso de las perspectivas dinámicas e historicistas para abordar a la naturaleza y la creciente tendencia a analizar totalidades formales de carácter sincrónico. Y aquí la referencia ineludible es August Weismann quien, en 1889, presenta su teoría del “plasma germinal” y demuele la noción de “herencia de los caracteres adquiridos”. Su distinción entre células germinales y células somáticas permitió sustraer el linaje celular de cada especie de los avatares espacio-temporales que pudiesen padecer sus representantes, haciendo imposible pensar el transformismo a partir de lo que hagan o experimenten los vivientes individuales.[2] Cada especie posee una constante de células germinales y, si bien la estructura molecular varía de una especie a otra, cada una tiene un libreto genético firme que perdura y que, incluso, lleva a muchos a restablecer la idea de una inmutabilidad de las especies.

El segundo desplazamiento se opera a partir de una toma de conciencia relativa a la inadecuación de los modelos de causalidad físico-química para pensar los procesos de regulación y regeneración de los organismos, y conlleva la rehabilitación de perspectivas vitalistas. Aquí, las referencias son los estudios ontogenéticos de Gustav Wolf y de Hans Driesch, que reactivan la perspectiva embriológica abierta por von Baer a inicios del siglo XIX, abriéndole nuevos horizontes.[3] Se expresa así la necesidad de reconocer la existencia de una lógica funcional inmanente a los seres vivientes que no se deja explicar con los modelos ilustrados de causalidad eficiente y que reclama, más allá de las hipótesis creacionistas y teleológicas tradicionales, nuevos esquemas teóricos de comprensión.[4]

En tercer lugar, con la profundización de los estudios sobre la herencia, se produce otra ruptura con las premisas continuistas, gradualistas y progresistas que organizaban la explicación historicista-evolucionista decimonónica. Y este giro encuentra en la figura de Hugo De Vries su referencia central. Junto a Correns y Tschermak, De Vries redescubre los estudios genéticos mendelianos y analiza el mecanismo de la herencia en una población de plantas, buscando captar las variaciones genéticas en términos estadísticos. A través de dicho experimento botánico, De Vries (1905) llega a la conclusión de que “las especies no se transforman gradualmente, sino que se mantienen inalteradas generación tras generación hasta que, de pronto, surgen formas nuevas que difieren claramente de las paternas y que se mantienen en lo sucesivo tan perfectas, constantes, bien definidas y puras como cabe esperar de una especie”.[5]

Así, asentado el hecho de que hay una ruptura causal originaria entre el antecedente y el consecuente, la idea decimonónica de cambio se desplaza.[6] La contingencia y el azar ya no se encuentran en el desarrollo o en el despliegue de las formas en el tiempo y en el espacio sino que ahora signan su mismo origen; es decir, la historicidad –antaño pensada como inmanente– se exterioriza con respecto a las formas vivientes, el cambio ya no se piensa en función de lo que ocurre en la superficie de la Naturaleza sino a nivel molecular y de modo imprevisto. Este movimiento implicará la disolución del enfoque evolucionista genealógico y, en algunos casos, llevará a declarar incognoscible el enigma sobre el origen de las especies. Y esto último se apoyará en la percepción de dos proposiciones antitéticas y paradójicas: por un lado, el hecho de que los organismos presentan un funcionamiento en el espacio que sugiere la existencia de totalidades estructurales y de formas específicas que operan conforme a reglas sistemáticas; por otro lado, la situación según la cual cabe pensar el transformismo y la génesis de las especies a partir de mutaciones súbitas y discontinuas de carácter contingente, saltos que –como señalará Cassirer– pueden ser establecidos y puestos de manifiesto pero que resultan inexplicables en términos causales, evolutivos o teleológicos.[7] El desplazamiento operado por esta problemática epistémica (el origen “irracional” de las formas y su funcionamiento efectivo conforme a reglas rigurosas) producirá una reconfiguración de las relaciones entre orden y cambio, entre necesidad y contingencia, entre génesis y totalidad, entablándose en lo sucesivo una exterioridad recíproca entre las formas y el devenir que será característica del sistema de pensamiento de principios del siglo XX y que, por otra parte, habilitará un renacimiento de la metafísica.

2. El agenciamiento Uexküll

La obra de Uexküll se gesta, desarrolla y madura en plena crisis del evolucionismo decimonónico y, de hecho, el biólogo estonio-alemán no solo es testigo sino también agente activo en la descomposición de dicho modelo teórico, destacándose particularmente por la agudeza con la que percibe lo que está en juego, y por el tipo de respuestas conceptuales que propone para afrontar lo que denomina “los nuevos problemas”.[8] Con agresividad y desparpajo, Uexküll comienza un artículo de 1908 afirmando “Estamos en vísperas de una bancarrota científica cuyas consecuencias aún son incalculables. Hay que borrar al darwinismo de la serie de las teorías científicas”.[9] A esta vocación destructiva y crítica (que encuentra en la obra de Ernst Haeckel su objeto de saña particular, y en “la lucha entre la biología y la física” su música de fondo)[10], se suma un profundo conocimiento de los desarrollos de las ciencias de la vida de su época y de la filosofía kantiana, dando como resultado una obra prolífica conceptualmente y cuyos efectos sobre la filosofía continental no es posible obviar.[11]

En primer lugar, Uexküll es particularmente sensible al hecho de que con la crisis del evolucionismo la biología teórica ha recuperado un viejo objeto: el individuo. En efecto, las grietas que carcomen el esquema darwinista decimonónico afectan directamente a las perspectivas filogenéticas y promueven, correlativamente, enfoques ontogenéticos que ponen en el centro de sus preocupaciones el origen, desarrollo y comportamiento de los individuos. Hay un desplazamiento de las especies a los animales, no tanto porque las especies dejen de ser objeto de investigación sino, fundamentalmente, porque ya no se las tematiza en términos de evolución progresiva, variaciones accidentales, ancestros, etc. y porque la pregunta respecto de su origen –según Uexküll– ha devenido “insoluble”.[12] Como ya hemos señalado, este movimiento conllevará una recuperación de la embriogénesis de von Baer y el replanteamiento del problema de la teleología, aunque esta recuperación operará sobre premisas bien diferentes a las de Baer quien formuló su teoría de la “tendencia a un fin” de los organismos en polémica con el preformismo fijista y el vitalismo especulativo de la Época clásica.[13] En relación a dicho problema, la novedad que pone Uexküll es liberarlo de los enfoques psicológicos y metafísicos, repensándolo desde un horizonte espacial y asumiéndolo como concepto teórico-metodológico de investigación.[14] De allí que se refiera a una “teleología estática” como alternativa a la tradicional “teleología dinámica” en la cual la dimensión temporal es preponderante, y que proponga reemplazar el concepto de mecánica causal por el concepto de unidad funcional.[15] Asimismo, esta estrategia de espacializar la teleología se desenvuelve liberando la imaginación fisiológica de sus ataduras con la anatomía, y ampliando su campo de ejercicio a la tematización del comportamiento relacional del animal y al conjunto de funciones activas que lo ensamblan “perfectamente” con el medio ambiente. Con este replanteamiento teórico-metodológico, según Uexküll, la biología encuentra su verdadero objeto.[16]

En segundo lugar, dicho desplazamiento desde la filogénesis a la ontogénesis se comprende en función del rechazo uexkülliano a toda explicación gradualista-evolucionista y la impugnación de toda tentativa que haga del azar, la contingencia y las variaciones accidentales elementos constituyentes de las formas vitales. Hemos visto ya cómo la crisis de este tipo de explicaciones se plantea a partir de un conjunto de descubrimientos y nuevas proposiciones. Uexküll retoma todos esos elementos y, tras subrayar el carácter incognoscible del origen de las especies, afirma en términos programáticos que tanto las especies como los sujetos vivientes se originan como un todo, y operan conforme a reglas estrictas.[17] Respecto de las especies, Uexküll dirá que –en principio– son inmutables y que se encuentran ordenadas “conforme a plan”, no son producto de una acumulación virtuosa de variaciones accidentales ni encuentran en la adaptación o en la lucha por la existencia su motor de desarrollo. Esta lucha, según el biólogo estonio-alemán, ya estaría contemplada de hecho en la estructura de cada especie (por ejemplo, en aquellas en las cuales sus representantes sufren numerosas bajas se registra una mayor tasa de natalidad). De modo que ni las especies ni los organismos son resultado de una mezcla estadística de azar y necesidad, “todos los animales, de los más simples a los más complejos, son perfectos”.[18]

Esta perfección y armonía, no obstante, no se fundamenta en la suposición de un creador previo a las estructuras, sino en el análisis y la observación del modo a través del cual los sujetos vivientes se ensamblan en el medio ambiente, y construyen su mundo circundante, conforme potencias y reglas específicas. Aquí, dirá Uexküll, no hay adaptación o lucha sino congruencia entre lo interno y lo externo[19]: “no hay animales que se adapten [anpassen] más o menos en forma perfecta a su mundo circundante. Todos se ajustan [einpassen] perfectamente”.[20] En esta línea, asimismo, el cuestionamiento no solo recaerá en el darwinismo sino también en la teoría mecanicista de uno de sus contemporáneos, Jacques Loeb, para quien el comportamiento de los organismos sería pensable como un encadenamiento de tropismos.[21] Lo que dirá Uexküll al respecto es que para que un estímulo del medio físico-químico desencadene una acción refleja en el animal, este último debe ser capaz, ante todo, de percibir el estímulo como una indicación (es decir, como un portador de significación).[22] No cualquier estímulo desinhibe al animal sino solo aquel que este puede percibir, y es por ello que el comportamiento no puede explicarse en términos físico-químicos sino en términos biológicos, en tanto proceso de significación mediado por un sujeto.[23]

Este tipo de crítica se hará extensiva a todos aquellos experimentos de laboratorio en los cuales se pretende analizar el comportamiento de diversos animales poniéndolos en un laberinto (es decir, en un medio artificial) y cronometrando sus desempeños para luego sacar conclusiones de tipo estadístico. Uexküll denunciará aquí un error de principio subrayando, como lo hiciera Heidegger en 1929-30 a propósito de sus primeros estudios[24], que los animales “no pueden entrar en relación con un objeto como tal[25] sino solo con determinadas significaciones, y un mismo objeto puede asumir connotaciones diversas según las circunstancias en que se vincula con el sujeto viviente y según el estado (o “tonalidad”) de este último. En este sentido, como se podrá leer en el capítulo 7 del presente libro, la significación que el cangrejo ermitaño le asigna a la anémona de mar difiere según su “estado de ánimo”, conllevando así distintos comportamientos posibles frente al mismo objeto. Asimismo, como se verá en el capítulo 13, un mismo sujeto puede adquirir diversos sentidos en tanto objeto para otros sujetos (un roble asume significaciones totalmente diferentes para el zorro, para el búho, para la avispa y para el leñador).

Todo lo dicho, por último, nos lleva a subrayar la recuperación operada por Uexküll de la filosofía kantiana a propósito de la cuestión del sujeto, esencial en la teoría del mundo circundante (Umwelt).[26] En todos los libros del biólogo estonio-alemán hay una referencia a Kant. Uexküll participa, de este modo, de un vasto movimiento de recuperación del kantismo operado a principios del siglo XX, corriente habilitada por un nuevo suelo de positividades gestado a fines del siglo XIX y que encuentra en la fisiología de Hermann von Helmholtz un punto de inflexión. Tras plantear en 1913 que “es urgentemente necesario volver a Kant”[27], Uexküll comienza y culmina su libro teóricamente más denso, Theoretische Biologie (1920), refiriéndose al filósofo de Königsberg. En su introducción señala: “La tarea de la biología consiste en expandir en dos direcciones los resultados de las investigaciones de Kant: (1) considerando la parte jugada por nuestro cuerpo, especialmente por los órganos de los sentidos y el sistema nervioso central, y (2) estudiando las relaciones de otros sujetos (animales) con los objetos”.[28] Y, tras señalar la genialidad de Kant relativa a plantear las condiciones a priori de toda experiencia, afirma que el filósofo se concentró en el análisis de las dos formas más básicas y fundamentales (el espacio y el tiempo como formas de la sensibilidad) dejando abierto el camino para el análisis de aquellas formas que varían en función de la experiencia “y que son de gran importancia biológica”.[29] Para ampliar el estudio kantiano al mundo viviente y efectuar este análisis, Uexküll subraya que es menester proceder considerando al sujeto en su actividad práctica, en su trato con los objetos, “en el proceso en el cual recibe impresiones y hace uso de ellas”. De este modo, y solo a través de la observación, se podrá reconstruir la conformidad a plan del sujeto animal destacando sus formas específicas y sus círculos funcionales, sin recaer en especulaciones psicológicas. Este es el punto de partida para el estudio del mundo circundante del animal.[30]

Ahora bien, si cada sujeto viviente cuenta con formas específicas (que prescriben qué puede percibir y qué no) y posee una fisiología y un principio etológico determinados “perfectamente” conforme a plan, ¿cómo pensar la actividad subjetiva propiamente dicha y su vitalidad? ¿Se trata de operaciones puramente reflejas que enlazan signos con operaciones definidas? ¿Nos encontramos ante conductas de carácter instintivo? ¿Qué papel juegan la experiencia y los procesos de aprendizaje? Evidentemente, la respuesta a estas preguntas varía en función de cada especie pero es posible aportar algunas indicaciones generales. En principio, Uexküll señala que en la consideración de los fenómenos de la naturaleza no alcanza con analizar materia y fuerzas (es decir, no alcanza con la física newtoniana ni con la termodinámica) sino que hay que considerar un tercer factor (la forma o la estructura) que se realiza conforme a reglas. Para el caso del individuo viviente, Uexküll distingue tres reglas (o “melodías”): las de formación, las de funcionamiento y las de dirección. Las primeras refieren a la acción de los genes sobre las células protoplasmáticas y, por su intermedio, a la delimitación de los recintos embrionarios y la construcción de los órganos.[31] Las segundas remiten a la puesta en funcionamiento de la organización somática que ocurre luego de que se franquea un “punto crítico que atraviesa todo el cuerpo del animal al mismo momento”.[32] Si el análisis se detiene en el funcionamiento, dice Uexküll, se podría considerar al organismo como análogo a una máquina, hacerlo objeto de la fisiología y pensar su comportamiento como un conjunto de encadenamientos de tropismos y reacciones. Pero de este modo, añade, se estaría escamoteando el agente “supra-mecánico” sin el cual no es pensable la conformidad a plan. Uexküll llama a este factor “impulso” y lo asocia con la noción de gen, señalando que la acción de los genes puede ser pensada como una “invasión de impulsos” en el protoplasma.[33] Este carácter impulsivo de los genes, asimismo, explicaría los procesos de regeneración y auto-reparación que distinguen a los vivientes de las máquinas y cuya operatoria se sustrae a los modelos causales mecanicistas.

Los impulsos (o los “sistemas de impulsos”, o las “secuencias de impulsos”, como también los llama Uexküll) (Impulsfolge) son entonces los agentes de las reglas, operan como imperativos y tienen el “poder de convertir un plan extra-espacial y extra-temporal en un fenómeno físico”.[34] Y es posible ahora abordar la regla de dirección que, tras franquearse “el punto crítico”, se efectúa en un sistema de impulsos de segundo grado a partir del cual el sujeto viviente controla, gobierna y regula su comportamiento, subsumiendo la regla de funcionamiento y guardando relaciones de influencia recíproca con la regla de formación y los impulsos de primer grado.[35] A partir de esta compleja teoría, de la cual solo hemos presentado un resumen esquemático, Uexküll discriminará siete tipos de acciones distinguiéndolas en función de la relación diferencial que guarda la regla de dirección con los órganos receptores y efectores, y/o con las señales perceptuales y efectuales.[36] Aún con sus notables diferencias, el motivo común que subyace a esta pluralidad de acciones anida en subrayar la insuficiencia de las explicaciones fisiológicas que analizan a los vivientes como objetos o máquinas, negando así su vitalidad y su actividad subjetiva. Esta última, según Uexküll, opera conforme a reglas estrictas y autónomas que son diferentes de la “estructura mecánica” del cuerpo en el cual “encarnan”, que nada tienen de arbitrarias o azarosas y que, por último, en nada se vinculan con fines de orden psicológico.

Hay impulsos supra-mecánicos en el corazón de los sujetos vivientes, repetirá Uexküll; sistemas y secuencias que, no siendo observables, solo pueden ser revelados por métodos experimentales y postulados como ideas de la razón.[37] Esta apelación a la metafísica[38], operada en nombre de la observación de las relaciones en el mundo viviente y apoyada en la reflexión sobre determinados contenidos científicos, se hará explícita como nunca antes en Theoretische Biologie (1920), revelando en su pureza –quizás– la oscilación uexkülliana entre la idea holista de mundo circundante y la idea vitalista de sujeto animal o, para decirlo en otros términos, entre el plano epistemológico y el plano metafísico. ¡Curioso estructuralismo vitalista! Comienza con la reconstrucción de la percepción animal y de la adecuación perfecta entre los sujetos vivientes y sus mundos circundantes, y culmina con la introducción de un impulso metafísico que, siendo irreductible a cualquier estructura, se apodera de la génesis y del comportamiento efectuando la conformidad a plan de la naturaleza. “¿Por qué Kant no escribió una Crítica de la fuerza de voluntad?” se lamenta Uexküll en las últimas páginas del libro, “no sabemos nada sobre la fuerza de voluntad… solo tenemos la vaga sensación de que sus impulsos están en juego, pero no los conocemos”.[39] En este sentido, señalará que la biología subjetiva, a partir de “la base firme de las cualidades sensibles”, nos permite conocer la percepción de los animales, sus significaciones, sus mundos circundantes y, de este modo, nos acerca al enigma de la vitalidad. Pero, aunque deba postular su existencia, no nos puede dar una respuesta concluyente respecto de la naturaleza de los impulsos. “No es de extrañar entonces si los impulsos que se acumulan en nuestros cuerpos escapan a nuestro conocimiento… todo el sistema de impulsos, el cual es a la vez el arquitecto y el director de nuestro cuerpo, se oculta a nuestros ojos”.[40]

3. Andanzas por los mundos circundantes de los animales y los hombres

El presente libro, Streifzüge durch die Umwelten von Tieren und Menschen, constituye una introducción general a la teoría de los mundos circundantes y se publica por primera vez en Berlín en 1934. Para ese entonces Uexküll ya era una figura célebre. Había estado a cargo por casi diez años del Institut für Umweltforschung (Instituto de investigación del Medio ambiente) de la Universidad de Hamburgo y, fundamentalmente, ya había publicado sus principales obras de biología teórica, que como ya se ha dicho no pasaron desapercibidas. Entre sus libros más resonantes se destaca, primeramente, Umwelt und Innenwelt der Tiere (Mundo circundante y mundo interno de los animales), publicado en 1909 y en el cual introduce el concepto clave de Umwelt (mundo circundante), concepto que no abandonará hasta sus últimos escritos y que constituye la base fundamental de todo su sistema teórico. En 1913 se publica Bausteine zu einer biologischen Weltanschauung (Ideas para una concepción biológica del mundo), volumen que recopila ensayos y trabajos escritos entre 1907 y 1913, y que se traduce y edita en castellano en 1922.[41] Theoretische Biologie (Biología teórica), publicado en 1920 en Berlín (y traducido y editado en New York en el mismo año), es reconocido como su principal obra teórica y, en ella, profundiza su teoría de los mundos circundantes introduciendo nociones capitales como las de Planmäßigkeit (conformidad a plan) y Funktionskreis (círculo funcional), y –como hemos visto– nociones más especulativas como la de Impulsfolge (secuencia de impulsos). Buena parte del sistema teórico producido en dicho libro se manifiesta en Biologische Briefe an eine Dame (Cartas biológicas a una dama), obra de divulgación contemporánea de Theoretische Biologie. En 1930 publica Die Lebenslehre (Teoría de la vida) y en 1934 la primera edición en alemán del libro que usted tiene entre manos. Andanzas por los mundos circundantes de los animales y los hombres ha sido, sin dudas, su libro más traducido.[42] Fue objeto de publicación en Estados Unidos (1957), Francia (1965), Polonia (1998), Estonia (1999) y Portugal, entre otros países, y hoy tenemos la suerte de poder acceder a su contenido en nuestro idioma gracias a la iniciativa de la Editorial Cactus y la notable traducción de Marcos Guntin. El libro se acompaña de ilustraciones a cargo de Georg Krizat, de algunas acuarelas dibujadas por Franz Huth y de dos ilustraciones a cargo de Thure von Uexküll, hijo de Jakob Johann.

Ya desde el prólogo Uexküll sienta los lineamientos de su biología subjetiva y, en la introducción, presenta claramente sus principales nociones, escenifica un debate entre la fisiología y la biología a propósito de la interpretación del fenómeno animal, y catapulta a la fama a un héroe insólito: la garrapata. En el primer capítulo aborda la dimensión espacial de los mundos circundantes e introduce una serie de niveles y nociones para dar cuenta de la pluridimensionalidad del espacio motriz (espacio efectual, espacio táctil, espacio visual; señal direccional, señal local, etc.), y en el segundo establece las fronteras del espacio visual y afirma sin rodeos que todos, y cada uno, vivimos dentro de una esfera hueca: “No existe algo como un espacio independiente de los sujetos”. En el tercer capítulo Uexküll retoma la notable teoría de las “longitudes de momentos” de von Baer, y se pregunta respecto de la velocidad con la cual corre el tiempo en el mundo de los peces luchadores, de los caracoles y de los seres humanos. En el cuarto, opera una firme reivindicación de los mundos circundantes que pueblan la naturaleza frente a esas “restringidas expresiones”, como diría el Cuchi Leguizamón, según las cuales los animales estarían sometidos a la pobreza por la simplicidad de sus mundos. Los mundos circundantes de los animales son idóneos, dirá Uexküll, su supuesta pobreza, en realidad, “garantiza certeza en el obrar, y la certeza es más importante que la riqueza”. En el quinto capítulo aborda el misterio de los seres que “se hacen los muertos” para no ser atrapados, y analiza la percepción de movimientos y la percepción de formas en el mundo animal, mientras que en el sexto se plantea en términos sencillos, y con ejemplos notables, la diferencia conceptual que separa la tendencia a un fin de la conformidad a plan.

Uexküll comienza el séptimo capítulo fustigando a la noción de instinto y, tras adentrarse en el análisis de los estados de ánimo de los cangrejos ermitaños, presenta los conceptos de imagen perceptual e imagen efectual. En el octavo cuestiona los experimentos anglosajones consistentes en introducir animales en medios artificiales como los laberintos, e introduce la noción de senda conocida (o senda familiar), explicándola en función de una suerte de sedimentación de los pasos direccionales que permite incorporar recorridos sin necesidad de prestar atención, ulteriormente, a la marcha misma. Aquí se abordan los casos del perro lazarillo que guía a su dueño ciego, de las grajillas y del pez luchador, concluyendo que “en términos generales, puede decirse que la senda conocida funciona como un corredor líquido ligero dentro de una masa viscosa”. En el noveno capítulo se plantea el siguiente problema: “¿qué animales poseen territorio y cuáles no?” y, tras una serie de distinciones conceptuales se llega a la idea de una suerte de geopolítica animal: “Cualquier extensión de tierra, si se le incorporan los territorios, puede asemejarse a un mapa político de cada especie animal, donde toda transgresión de fronteras no se concibe sin un ataque y una defensa”. En el décimo capítulo aparece el problema del compañero y, con él, el de los animales que traicionan a su especie, se enamoran de humanos, cambian de amistades, etc., mientras que en el onceavo se tematizan las nociones de imagen de búsqueda y tono de búsqueda, aplicándolas a la percepción humana pero también a las de los perros y los sapos. Uexküll abre el capítulo doce con una recapitulación y un balance:

Es indudable que hay por doquier un contraste fundamental entre el medio ambiente que vemos extenderse en torno a los animales y los mundos circundantes que los animales mismos se construyen y llenan con objetos de su propia percepción. Hasta ahora habíamos visto que los mundos circundantes eran el producto de señales perceptuales despertadas por estímulos externos. También vimos ya una excepción a esta regla: tanto la imagen de búsqueda como el rastreo de la senda conocida y la delimitación del territorio resultan imposibles de reducir a estímulos externos, sino que son productos subjetivos libres. Tales productos subjetivos se desarrollaban a la zaga de experiencias personales repetidas del sujeto.

Y, tras señalar esto, se zambulle en la cuestión de los “mundos circundantes mágicos”, mundos que se encuentran íntimamente ligados a vivencias singulares y en los cuales “los sucesos fantásticos se confunden con las cosas dadas empíricamente”. El capítulo trece se extiende sobre la consideración de las múltiples significaciones que asume un mismo roble para una multitud de animales, ejemplificando de este modo la compleja inter-conexión que abriga la naturaleza y las diversas posiciones de objeto que asumen los sujetos vivientes. Por último, la conclusión y un final alucinatorio.

 

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Juan Manuel Heredia es autor, además, de Mundología, Jakob von Uexküll, aventuras inactuales de un personaje conceptual, Editorial Cactus, 2022.

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NOTAS

[1] Debido a que ya tuvimos el gusto de escribir el prólogo a la bella edición de Editorial Cactus de Cartas biológicas a una dama (2014), y que en el mismo nos hemos explayado respecto del itinerario bio-bibliográfico del autor, así como de toda otra serie de cuestiones conceptuales, en esta ocasión asumiremos otra estrategia de presentación e intentaremos no repetir lo ya dicho. Esto último, además, puede ser consultado sin costo debido a que la editorial decidió dejar flotar el texto en la web, haciéndolo accesible a todos. Por nuestra parte, nos permitimos sugerir su lectura a efectos de complementar lo que será dicho a continuación y que prolonga nuestro estudio sobre la obra de Jakob von Uexküll. Cf. Heredia, JM. “Jakob von Uexküll, portavoz de mundos desconocidos” en Uexküll, Jakob J., Cartas biológicas a una dama, Buenos Aires, Ed. Cactus, 2014, pp. 7-33. URL: http://es.scribd.com/doc/214688839/Cartas-biolo-gicas-Pro-logo-pdf

[2] Como señala François Jacob al respecto, “lo que se transforma y da lugar a la aparición de formas nuevas no son los individuos como tales, sino las ‘disposiciones hereditarias’ contenidas en estas células. ‘La selección natural’, dice Weismann, ‘opera en apariencia sobre las cualidades del organismo adulto, pero en realidad opera sobre las disposiciones ocultas en la célula germinal’”. Jacob, F., La lógica de lo viviente, trad. J. Senent y M. R. Soler, Barcelona, Tusquets, 1999, p. 206.

[3] Como señaláramos en nuestro anterior prólogo, dos casos célebres permiten ilustrar este relanzamiento. “Por un lado, en 1890, el biólogo alemán Gustav Wolf hace el siguiente experimento: extirpa el cristalino del ojo de un tritón (salamandra de agua) y constata que, tras un tiempo, el órgano se regeneraba perfectamente y, más aún, que dicha regeneración se valía de tejidos diferentes a los empleados en su desarrollo embriológico. Con ello, Wolf concluía que existía una ‘adecuación primaria a fin’ en el organismo que era irreductible al modelo evolucionista y que debía existir desde el mismo origen. En la misma línea, Hans Driesch realiza el siguiente experimento: corta en dos el embrión de un erizo de mar y constata que, lejos de producirse una división de la estructura orgánica, una malformación o estropearse el proceso embriológico, nacen de cada parte dos erizos de mar perfectos aunque de la mitad de su tamaño. De allí, Driesch concluía la existencia de una fuerza vital, la ‘entelequia’ o ‘psicoide’, de carácter inmaterial, intensivo y cualitativo que no solo sería irreductible a los factores físico-químicos sino que los dirigiría siendo un agente no mecánico que lleva un fin en sí mismo.” Heredia, op. cit., p. 16.

[4] En el apéndice a la Parte Primera de la Ética spinoziana, el lector podrá encontrar un caso precioso de crítica a la tradicional teleología desde un horizonte de inteligibilidad dominado por los modelos de la causalidad eficiente. Cf. Spinoza, B., Ética demostrada según el orden geométrico, trad. Vidal Peña, Buenos Aires, Orbis, 1983, pp. 89-97.

[5] Citado en Jacob, op. cit., p. 210.

[6] Como señala Palti “Para De Vries, los fenómenos evolutivos a nivel filogenético resultan de transformaciones súbitas o de mutaciones globales azarosas. De este modo, las mutaciones (el cambio) se ven reducidas a ocurrencias impredecibles, generadas internamente, sin ninguna meta o finalidad perceptible (aun cuando estas sirven a un proceso adaptativo de las especies a su medio, la selección se produciría solo a posteriori, sin ningún impacto inmediato en los procesos genéticos mismos)”. Palti, E., Aporías, Buenos Aires, Alianza, 2001, p. 59.

[7] Cf. Cassirer, E., Las ciencias de la cultura, trad. W. Roces, México, FCE, 1975, p 152.

[8] Cf. Uexküll, J., Ideas para una concepción biológica del mundo, Trad. R. M. Tenreiro, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1951, pp. 11-39.

[9] Uexküll, J., op. cit., 1951, p. 11. El artículo Die neuen Fragen in der experimentellen Biologie (Las nuevas cuestiones de la biología experimental) se publica originariamente en 1908 en Bolonia en la Rivista di Scienza [4 (7), pp. 72-86], y se reedita como primer capítulo de Bausteine zu einer biologischen Weltanschauung (Ideas para una concepción biológica del mundo).

[10] El biólogo estonio-alemán hace una referencia explícita a esta “lucha” en 1913 (op. cit., 1951, pp. 203-204) y, más en general, en casi todos sus textos siempre vuelve sobre el mismo motivo: la insuficiencia radical del esquema físico (newtoniano) para dar cuenta del mundo de percepción y de acción de animales y humanos. Además de materia y fuerzas, repite insistentemente, hay un tercer factor: la forma; y, correlativamente, además de la causalidad, hay que reconocer la existencia de reglas que operan conforme a plan. En este movimiento es posible advertir ya una suerte de “crítica a la matematización de la naturaleza”, la cual se expresa en la contraposición que Uexküll plantea entre la física y la biología: “El mundo físico (…) no es otra cosa que un baile incesante e infinito de miles de átomos en el que solo tiene validez la ley de causa y efecto que enlaza todos los movimientos como una red rígida sin principio ni fin: una necesidad ciega. Ningún color, ningún sonido u olor existen en ese mundo. Sin calor se mueven sistemas amorfos de puntos, sin sentido y sin verdadero orden: un mecanismo yermo que no significa nada ni produce nada. En el mundo biológico es todo armonía, todo melodía, ya que, aunque los momentos no estén allí para encadenar los movimientos unos a otros, subrayan las sensaciones de contenido de los colores y de los sonidos en una secuencia oscilante de silencios, breves y largas. (…) Todo, hasta lo más pequeño, muestra un orden, un sentido y un significado.” Uexküll, J., Cartas biológicas a una dama, trad. T. Bartoletti y L. C. Nicolás, op. cit., pp. 93-94.

[11] En nuestro anterior prólogo hemos establecido ya el conjunto de referencias que ligan a Uexküll con la filosofía que le es contemporánea (Cassirer, Heidegger, Husserl, Ortega y Gasset, Bertalanffy, etc.), inmediatamente posterior (Merleau-Ponty, Canguilhem, etc.) y sumamente posterior (Deleuze, Lacan, Sloterdijk, Agamben, Latour, etc.). Cf. Heredia, J.M., op. cit., pp. 20-21. Respecto del neokantismo y de la fenomenología alemanas de la primera parte del siglo XX, la centralidad de la obra de Uexküll es insoslayable. Fundamentalmente, porque a partir de sus proposiciones teóricas se abrirá una vasta problematización relativa a la idea de mundo y de sentido que, por nuestra parte, vemos culminar en la noción husserliana de Lebenswelt. Asimismo, respecto de Cassirer, creemos que la teoría de las formas simbólicas, y la antropología filosófica que le es correlativa, resulta indisociable de los conceptos uexküllianos.

[12] El carácter incognoscible e irresoluble del problema del origen de las especies está regado por toda la obra. Cf. Uexküll, J., op. cit., 1951, pp. 133-134; op. cit., 2014, pp. 114-115; Theoretical Biology, Trad. D. L. MacKinnon, New York, Harcourt, Brace & Co., 1926, pp. 268-269. En este marco, Uexküll desecha la filogénesis y se concentra en la ontogénesis: “¿Cómo se origina el individuo? Es la cuestión de que se apodera la ciencia natural luego de que el problema del origen de las especies se le ha escapado como insoluble” (op. cit., 1951, p. 27). Aquí vale aclarar que si bien Uexküll se vale de las investigaciones de De Vries como insumo crítico contra el gradualismo darwinista, no asume positivamente la idea de mutación (posiblemente, por el carácter paradójico e “irracional” que implicaba para el pensamiento de la época) y por ello subraya el carácter incognoscible y enigmático del origen de las especies. En esta línea, Uexküll rechaza totalmente la idea de que existan “variaciones sin plan” y afirma que las mutaciones ocasionales, necesariamente, da lugar a seres perfectos: “Cierto que se presentan aquí y allá cambios aislados, a manera de salto, en algunos descendientes, que son designados como mutación, pero siempre dan un resultado conforme a plan. La gran variabilidad que hasta ahora se había observado en todos los animales y plantas solo procede del cruzamiento de diversos genotipos. Una variación en sentido darwiniano no se da”. Op. cit., 1951, p. 131.

[13] Sobre la significación de la teoría de von Baer, véase: Palti, E. “Filosofía romántica y ciencias naturales: límites difusos y problemas terminológicos” en Prismas. Revista de historia intelectual, N° 4, 2000.

[14] Cassirer ha demostrado con gran consistencia el carácter epistemológico que asumen los conceptos uexküllianos, contraponiéndolo al uso metafísico y psicológico que opera Hans Dreisch en el marco del debate con la “mecánica causal” de W. Roux. Véase: Cassirer, E., El problema del conocimiento (tomo IV), trad. W. Roces, México, FCE, 1998, pp. 216-262.

[15] Cf. Uexküll, J., op. cit., 1951, pp. 19-20.

[16] El biólogo estonio-alemán lo expresa con claridad en el siguiente pasaje: “La lógica, la psicología, la matemática, no son intuitivas; pero la biología es intuición, según su esencia. Su problema consiste en revelar a nuestra inteligencia la conformidad a plan del ser orgánico. Mas la conformidad a plan solo es dada en la intuición espacial. En eso se diferencia de la tendencia a un fin, la cual añade el tiempo como ulterior factor. Nosotros solo podemos comprender aquellas máquinas cuyas ruedas están puestas unas al lado de otras en el espacio; máquinas cuyas ruedas están parte en el porvenir y parte en el pasado son para nosotros totalmente incomprensibles.” Uexküll, J., op. cit., 1951, p. 24.

[17] Cf. Uexküll, J., op. cit., 2014, pp. 114-115.

[18] Uexküll, J., Mondes animaux et monde humain suivi de Théorie de la signification, trad. Ph. Muller, París, Denöel, 1965, p. 157 (traducción del francés nuestra, la cita corresponde a Teoría de la significación, publicada por primera vez en Alemania en 1940).

[19] Cf. Uexküll, J., op. cit., 1926, pp. 310-315.

[20] Uexküll, J., op. cit., 2014, p. 89.

[21] Concepto que designa el crecimiento orientado de un vegetal con respecto a un estímulo definido del medio físico-químico (si se toman como referencia a los girasoles jóvenes, por ejemplo, el estímulo de la luz solar suscita en ellos que el crecimiento se direccione a la fuente lumínica, y en este caso nos encontramos con un fototropismo –o heliotropismo– de carácter positivo, designando el tropismo negativo un movimiento que en lugar de orientarse hacia la fuente se aleja de ella). Hay una diversidad de tropismos que se definen en función del tipo de estímulo (termotropismo, quimiotropismo, galvanotropismo, tigmotropismo, etc.). Loeb hará de este concepto la base de su teoría mecanicista del comportamiento y, en 1899, lo extenderá a los movimientos dirigidos de los animales. Contra esta teoría, se alzará la sostenida por Herbert Spencer y Jennings según la cual el comportamiento debería pensarse no como respuesta mecánica y refleja a los estímulos sino como un conjunto de movimientos adaptativos de ensayo y error que operan tras la perturbación del equilibrio fisiológico por parte de un factor externo, y regulan la conducta restableciendo dicho equilibrio en el marco de un proceso. Uexküll cuestionará a ambos. A Jennings, particularmente, le señalará el error de superponer la transformación del órgano y su funcionamiento efectivo, relativizando la centralidad del proceso y limitando el poder de aprendizaje (cf., op. cit., 1951, pp. 20-24). Y, por otro lado, le opondrá otra teoría del mismo Jennings, según la cual la reproducción de los organismos unicelulares avalaría la idea de la inmutabilidad de las especies (cf., op. cit., 1951, pp. 129-130; op. cit., 2014, p. 108).

[22] Cf. Uexküll, J., op. cit., 1926, pp. 306-307.

[23] En la Introducción del presente libro, Uexküll analiza genialmente este punto diferenciando la perspectiva fisiológica del enfoque biológico que él propone.

[24] Cf. Heidegger, M., Conceptos fundamentales de la metafísica, Trad. A. Ciria, Madrid, Alianza, 2007, pp. 248 y ss.

[25] Uexküll J., op. cit., 1965, pp. 94-95 (traducción del francés nuestra).

[26] Hemos analizado el concepto fundamental de Umwelt en nuestro anterior prólogo (Heredia, J.M., op. cit., pp. 20-28), razón por la cual no será tematizado en profundidad aquí.

[27] Uexküll, J., op. cit., 1951, p. 50.

[28] Uexküll, J., op. cit., 1926, p. xv y ss (traducción del inglés nuestra).

[29] En este movimiento, Uexküll atestigua su profundo neokantismo y repite una estrategia típica de esta escuela: recuperar el método kantiano con independencia de sus resultados (necesariamente ligados a las ciencias de su época) (cf., op. cit., 1926, p. xvi). Y la salida que encontrará el biólogo estonio-alemán para pensar la delicada cuestión relativa a las relaciones entre lo empírico y lo trascendental, será proponer la noción de círculo funcional. Esta última permite, a partir de la observación de las actividades de los animales, reconstruir las formas a priori de percepción de cada especie y darles un sentido práctico en función del comportamiento que suscitan. Nos hemos referido a esta capital noción en nuestro anterior prólogo, solo cabe recordar aquí que dicha noción no solo se vincula con la problemática de la correlación sujeto-objeto sino que también fue vista como uno de los primeros antecedentes de la idea cibernética de feed-back.

[30] Como señala el biólogo en su prólogo al presente libro “todo lo que el sujeto percibe se torna su mundo perceptual, y todo su obrar se vuelve su mundo efectual. Mundo perceptual y mundo efectual conforman juntos una unidad cerrada: el mundo circundante”. Y, ya en el capítulo 1, Uexküll afirma “La primera tarea en la investigación del mundo circundante consiste en extraer los signos perceptuales del animal de entre los signos perceptuales de su medio ambiente, y con ellos reconstruir el mundo circundante del animal”. (trad. M. Guntin).

[31] “Si el mecanismo del cuerpo está por fin terminado, significa que los genes cumplieron su función. De allí en más sirven únicamente para reponer instrumentos destruidos o dañados.” Uexküll, J., op. cit., 2014, p. 101.

[32] Uexküll, J., op. cit., 1926, pp. 294-295 (subrayado y traducción del inglés nuestra).

[33] Uexküll subraya que este nuevo factor descubierto por Mendel (y bautizado como gen por Johannson) ha dado lugar a resultados prácticos en los cultivos pero que su significación teórica aún permanece inexplorada (cf. Op., cit., 1926, p. 183) y, unas páginas más adelante, agrega “su significación anida en la refutación de toda explicación mecánica del proceso de desarrollo y, por ello, Mendel es el descubridor de los impulsos” (cf. Op., cit., 1926, p. 198). Respecto de la noción de impulso, no es posible obviar su resonancia con el concepto de vida que Henri Bergson presenta en 1907, y en el cual el filósofo francés ya establecía una analogía entre la continuidad del “plasma germinal” de Weismann y la continuación de un mismo impulso por parte de la vida: “lo esencial es la continuidad del progreso que se prosigue indefinidamente, progreso invisible, sobre el que cada organismo visible cabalga durante el corto intervalo de tiempo que le es dado vivir” (Bergson, H., La evolución creadora, Editorial Cactus, Buenos Aires, 2007, p. 45).

[34] Uexküll, J., op. cit., 1926, p. 216 (traducción del inglés nuestra).

[35] Cf. Uexküll, J., op. cit., 1926, p. 296.

[36] Uexküll propone una tipología de acciones entre las cuales se cuentan la acción refleja, la acción de formación, la acción instintiva, la acción plástica, la acción basada en la experiencia, la acción controlada y la acción del receptor. Véase: Uexküll, J., op. cit., 1926, pp. 271-280.

[37] Cf. Uexküll, J., op. cit., 1926, pp. 293, 360-362.

[38] Apelación que, por otra parte, será recurrente en la época, apareciendo como la contracara de los modelos formales y holistas que dominan a nivel epistemológico (desde la física de campos hasta la gestalttheorie, pasando por la lingüística, la teoría del derecho, la sociología, etc., y por la misma teoría de los mundos circundantes uexkülliana, cuyo carácter sincrónico es indudable). En efecto, creemos que la apelación recurrente en el pensamiento de inicios del siglo XX a conceptos tales como vida, impulso, carisma, decisión, etc. puede ser leída como la otra cara de las apelaciones a la forma, la estructura, la totalidad, etc. (que surgen tras el derrumbe de los esquemas historicistas-evolucionistas). Es decir, forma y vida, estructura y sujeto, son las dos caras de una misma problemática epocal y arraigan en un suelo arqueológico común. Sobre esta cuestión, véase: Palti, E., “The ‘Return of the Subject’ as a Historico-Intellectual Problem”, en History and Theory, Vol. 43, Nº 1, 2004, p. 57-82.

[39] Uexküll, J., op. cit., 1926, p. 360 (traducción del inglés nuestra).

[40] Uexküll, J., op. cit., 1926, p. 361 (traducción del inglés nuestra).

[41] En el prólogo a dicha edición, Ortega y Gasset plantea “Debo aclarar que sobre mí han ejercido desde 1913 gran influencia estas meditaciones biológicas. Esta influencia no ha sido meramente científica, sino cordial. No conozco sugestiones más eficaces que las de este pensador, para poner orden, serenidad y optimismo sobre el desarreglo del alma contemporánea” (Uexküll, op. cit., 1951, p. 8).

[42] Para un listado de todos los libros y artículos publicados por Uexküll, así como de las traducciones de su obra, véase: Kull, K., “Jakob von Uexküll: An introduction” en Semiotica 134 (1/4), 2001, pp. 15-39.

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